44 REVISTA DIGITAL DEL TECZ constancias de mayoría a los listados de planillas que hayan obtenido el mayor número de votos válidos, cerrando así un procedimiento que privilegia la representación colectiva sobre la individual. Este enfoque contrasta claramente con lo previsto en el ámbito federal, donde el artículo 96 constitucional establece que los Comités de Evaluación presentan un listado de las personas mejor evaluadas —diez para los cargos más altos, como ministros y magistrados del Tribunal Electoral, y seis para jueces y magistrados de circuito—, las cuales luego son depuradas por medio de un mecanismo de insaculación pública, observando la paridad de género y ajustándose al número de postulaciones permitidas. Estos listados se remiten a los poderes de la Unión para su eventual envío al Senado. La diferencia es fundamental: a nivel federal, las postulaciones se hacen de manera individual, después de un proceso de evaluación técnica y de selección por sorteo; mientras que, a nivel local, como en Coahuila, la postulación se realiza en planillas, en las que se agrupan candidaturas previamente valoradas como idóneas, y los poderes del Estado las registran directamente. El modelo coahuilense permite que cada Poder del Estado postule únicamente una o dos planillas por cargo, con ello se reduce el número de personas candidatas en la contienda. En principio esto facilita la administración del proceso electoral, disminuye el costo logístico de la jornada y permite que la ciudadanía tenga acceso a información más clara y concreta sobre quiénes aspiran a ocupar los cargos judiciales. En un contexto donde la figura de las y los juzgadores es nueva en el espacio electoral, una oferta acotada puede traducirse en mayor comprensión y participación ciudadana, evitando la saturación de opciones o el riesgo de confusión. No obstante, este modelo también presenta desventajas importantes desde una perspectiva de pluralidad y representatividad. Al limitar el número de candidaturas, se restringe el abanico de opciones para la ciudadanía, lo que podría comprometer la competitividad y el carácter inclusivo de la elección. Es posible que perfiles con trayectoria sólida y méritos suficientes queden fuera de las planillas propuestas, no por falta de capacidad, sino por no haber sido seleccionados por los poderes respectivos. Por otro lado, una de las críticas más frecuentes a este modelo radica en el riesgo de que la visibilidad y el compromiso individual de quienes integran la planilla se diluyan, generando una especie de efecto sombra: basta con que una o dos personas hagan campaña activa, mientras las demás se mantienen al margen. Esta situación recuerda, en muchos sentidos, la experiencia con las candidaturas de representación proporcional en el sistema electoral tradicional. En esos casos, se ha cuestionado ampliamente que muchas personas lleguen a cargos públicos sin haber hecho campaña, sin ser conocidas por el electorado y sin haber entablado un diálogo directo con la ciudadanía. El resultado es una desconexión preocupante: representantes que no se sienten realmente electos, y votantes que no saben a quién eligieron.
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