contenidos en libros de texto, materiales didácticos, actividades extracurriculares, lenguaje utilizado, formas de organización, responsabilidades, utilización de los espacios, etc., sin embargo, es mucho lo que se puede hacer a partir de la educación para en este sentido, conseguir que las personas -hombre o mujer- tengan las mismas oportunidades de decisión, crecimiento y desenvolvimiento, sin la necesidad de cumplir estereotipos limitantes. Lo anterior no es un proceso fácil debido a que se encuentra frmemente arraigado y aprendido en la cultura lo que resulta difícil de reconstruir. Si bien es cierto que actualmente existe ya una visibilización del problema, la realidad es que el sistema patriarcal no ha permitido deslindar a la sociedad de los estereotipos de género, lo que desfavorece el ejercicio del pluralismo y la construcción de igualdades sustantivas. En este sentido, podemos intuir que a partir de la educación política que se brinde al alumnado, se sumará una formación de vida en la que se potencializará la participación política de la mujer, pero además creará consciencia en este tema y posteriormente podrá ser proyectado en la sociedad el reconocimiento y goce de los derechos políticos de las mujeres. Partiendo de este enfoque, la educación política con perspectiva de género resulta necesaria desde la educación institucional, como punto de partida en ella se deberá realizar este cambio de paradigma que irá permeando poco a poco cada una de las esferas sociales hasta identifcar y visibilizar los obstáculos y las barreras que problematizan la participación política de las mujeres. Dicha deconstrucción, podrá eliminar las alianzas políticas segregacionistas que aún en la actualidad existen entre los hombres, y que también han sido aprendidas desde su formación. En este sentido, las mexicanas que siguen enfrentándose a múltiples obstáculos para ser candidatas o al ser elegidas o designadas a cargos políticos, dejarán de limitar sus opciones para dedicarse de manera plena a la política a partir del reconocimiento y goce de sus derechos políticos. No podríamos dejar de mencionar la progresividad que ha tenido México en temas de derechos políticos electorales y la normativa que ha impulsado la participación de las mujeres en la vida política, medidas que resultan necesarias en tanto se llega a una situación en la que efectivamente exista igualdad de oportunidades y condiciones para todas las personas. En tanto, en México hace falta salir de la comodidad y despertar. El compromiso de cambio y reestructura para fortalecer las prácticas políticas bajo criterios de igualdad en las que ya deberían estar mucho más inmersas las mujeres, es de índole familiar, social y gubernamental, pero en este caso, se perfla como prioritario el compromiso de cambio en el ámbito educativo… Página 18
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